domingo, 22 de septiembre de 2013

1. No identificado.

Todos los raros fueron al concierto.

Todos menos yo.

P. vuela lejos de este lugar. A. asume su nuevo lugar en el espacio. Sé cuánto lo ha esperado. También sé cómo duele en el estómago este momento.

Les mando un abrazo a los dos sin que lo sepan.

Yo camino por un césped artificial. Lo toco, verifico: es artificial. Todo ha terminado. De repente veo, en el cielo, una luz roja muy fuerte y muy brillante. Se mueve raro, en lo alto y, tras un tiempo indeterminado, se apaga, se consume, cae y desaparece.

Todos lo hemos visto.

Tengo la cara como una pelota como resultado del estrés de estos días.

Ellas discuten porque las cartas dijeron la verdad.

Porque las miradas dijeron la verdad.

Es imposible no darse cuenta.

Yo respiro y pienso en el ¿Ovni?. Brilla muy fuerte y luego se mueve raro y, tras un tiempo indeterminado, se apaga, se consume, cae y desaparece.

Me pregunto si tú eres una de esas personas capaces de nunca desaparecer. De brillar para siempre.

Iván y yo no queremos escucharnos.

Tal vez se trate simplemente de no pensar en nada.

No pensar en los experimentos del documental del mal.
No pensar en las cenas prometidas.
No pensar en tu mano apartando la mía. La mía apartando la tuya.
No pensar en el adiós.
No pensar en el juego de la silla.
No pensar en la liberación de la rata beige.
No pensar en TACS y TOCS.

Pensar sólo en tus pechos, digo...pensar sólo en...

No pensar y vivir. Como una paroxetina.

Como todos los raros, en el concierto. Respiro la noche, así huele mi nueva vida.

Todo ha empezado. Brillará mañana para mí.

No caigas. No te consumas. No te apagues. No desaparezcas.

No me sueltes.

Brilla siempre para mí. Haz crecer este césped no identificado.

Deja que te cuente mi programa de mano.

Aaay, si tú me quisieras lo mismo que yo...