martes, 31 de diciembre de 2013

22. Palabras terminadas en -ble. La jaca de Neutrex. Ser adulto hoy. Patatica for no reason.


Pensamiento 1. La persona que fuimos.

¿se parece bastante a la que somos? No lo sé. En cualquier caso, creo que me gusta la persona que fui y me gusta que en cierto modo esas sean mis credenciales para el presente. Que me acompañe y que me recuerde qué es lo que me importa de la vida, siempre, desde un no-tiempo y no-lugar, desde lo más profundo y como una guía turística de mi propia existencia. 

Que, sobre todo, me impida convertirme en un ser inerte demasiado preocupado por ser adulto. Porque no soy partícipe de colocar un muro de cemento entre el pasado y el presente. Al fin y al cabo, lo que hicimos y vivimos nos ha hecho lo que somos hoy, y los límites son difusos y las cosas más interesantes ocurren en la frontera (algo que dijo mi amado Bajtín). 

Y esto es una patatica de la obviedad.

Pasado, presente, futuro. El espacio y el tiempo están, en realidad, unificados, cada nuevo día es un pegote más que añadimos a la montañita de lo que somos, que es como un aleph, pero sin las cartas de Beatriz Viterbo. No hay por qué dejar que el pasado nos torture, pero sí que deberíamos coger lo bueno de él, recordarlo, encauzarlo para que nos permita avanzar y no estancarnos en un punto muerto de inacción como Suiza en una guerra mundial.

Espera, porque por un momento me he parecido uno de esos que van de gurús y he sentido urticaria. O sea, que no suene así ¿vale? Cuando leas esto, tú, imagina que lo estoy diciendo mientras te amenazo y que no llevo bata blanca ni poncho ni nada que use Rappel. Por favor, esto es necesario.

Vale.

Si cierro los ojos y pienso en la persona que fuimos, me viene una sensación que parece decirme que lo bueno y lo malo, los detalles que recuerdo y los que no, tooodo eso (que es mucho), agitado en una coctelera puede convertirse en un cóctel llamado... "me siento parte de algo que nació un día indeterminado y que me hizo conectar de manera irreversible contigo". Hasta la fecha. Y hasta siempre. Nos veamos o no. Estemos en una punta o en la otra. Muy cerca o muy lejos. Queramos o no. Eso da igual. Y eso lo siento hoy, pero también lo sentí ayer, cuando éramos la persona que fuimos y no la persona que somos.

Y eso es lo que se me queda y con eso es con lo que me quedo y eso es lo que me vale. Una conexión pura, irreversible, interminable inexplicable... (vale, ya no se me ocurren más palabras terminadas en -ble) que nace de lo más profundo de lo que soy (y esto es quizás lo más importante). Darle más vueltas o pensar que es malo es tristísimo. Y no lo pienso hacer.



Pensamiento 2. La persona que somos.

La persona que somos sabe eso. Y lo recuerda hoy, en su presente. Por respeto a la persona que fuimos, supongo, pero también porque no puede olvidarlo. Pero ya es otra persona, ¡pero también es la misma!. 

Ahora vive en otra nueva estación: la "adulta"(me ha vuelto la urticaria). Oh, Dios sí. Intentando rascar cosas que merezcan la pena en un espacio cada vez más estrecho y menos propenso a...al desastre sí, pero también a la pasión y...a la vida, en general. 

Hacerse adulto (bueno, qué digo, SER adulto) está jodido si no sabes cómo hacerlo. Si te olvidas de "rascar" y entras en la tónica de "ay, mira tó lo que tengo que hacer. Ay, mira cómo soy de adulto", estarás perdida para siempre. Yo he tenido que darme el pésame simbólico ante muchas personas que antes eran la sal de la vida y ahora son un zapatico en deconstrucción. Nada que aportar. Nada que decir. Nada que vivir. Encefalograma plano. Y cuando me he visto rozando eso o, directamente, lanzada a la piscina de la "adultofilia", he sentido un vacío extremo en el pecho, una sensación gélida de "nena, gira que no es por aquí". Incluso he llegado a pensar que crecer era eso. La tristeza, la inmundicia de una vida pensada en números. Más miedos (todos los miedos) y atreverte a hacer menos cosas. Pensarlo mucho todo. Creer que no es conveniente VIVIR. Recular a tiempo. Construir una buena torre defensiva. Tener una lista de pros más pequeña que la de los contras y en general, llevar una filosofía de "Virgencita, que me quede como estoy".

Creo que yo hacía antes infinitas mil cosas más que ahora, sin pensar demasiado, porque no tenía miedo ni un listón de excusas ni la presión de que un adulto tiene que estar a otras cosas que son jodidamente más importantes que vivir. 

Así que me gusta cuando aparece algo de lo que soy, por sorpresa, un día cualquiera, algo de lo que fui y de lo que seré, y me transporta al lugar en el que quiero estar (en el que siempre he querido estar). Que no está en el pasado, ni en el futuro con la jaca de Neutrex. Está en el lugar donde las prioridades son otras y el miedo es chichinabo.

Donde estás tú siento tú. Y ella. Y él. Y shuprimo y shurmano.

Y, por supuesto, estoy yo.

(continuará...)