domingo, 5 de enero de 2014

27. Amigos raros. Costumbres raras. Música rara. Libros raros. Palabras raras. Amor raro. (II) - Finales alternativos.


Si el amor no consigue lo que ha conseguido el miedo, no esperes que sonría. (Nudo Zurdo, Prometo hacerte daño.)


Si se empieza con el miedo y el odio como premisa mayor, hay que ir hasta la conclusión. (Aldous Huxley, Puertas de la Percepción.)

Y nos desvanecimos compartiendo el vacío. Y nadie vino a rescatarnos, y nos pudo el temblor. (...), se nos llevó a ti y a mí donde nace el horror. (Dorian, El Temblor) 



Pensamiento 5. 

[Ella- Y desapareciste sin dar explicación. Y yo me quedé gritando al cielo.]

Yo - Prometo hacerte daño.

Ella - Lo tiré todo. Lo rompí todo. Lo regalé todo.

Yo - Pero yo no.

(Hace un gesto para que no se lo enseñe. Hace otro gesto como de promesa de que me va a rascar la espalda.)

Yo - ¿por qué haces esto?

Ella - Porque te gustaba.

Yo - No me acuerdo.

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Yo - ¿quieres uno?

Ella - No, llevo cinco años sin fumar.

Yo - ¿y conmigo no fumabas?

Ella - "Ahí" aún fumaba.

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Yo - ¿por qué me miras así?

Ella - Porque así hablábamos.

Cedo.

Yo - Ya me acuerdo.

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Yo - Vete.

Ella - No.

Yo - Que te vayas.

Ella - Que no.

Yo - Pues me voy yo.

Ella - Mírame.

Miro. Llora. Lloro.

Ella - Te quise más que a nadie.

Yo - Bueno pero pues claro.

Ella - Chá, eres una zorra.

Yo - Pero una zorra adorable.

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Yo - Es por las estúpidas paredes, que no me dejan avanzar.

Ella - Es tan fácil entenderte cuando suena una canción. Algo hay en el centro de tu triste corazón.

Yo - No recuerdo lo que te hice. Pero lo siento.

Ella - Igual no sé lo que te hice, pero lo siento.

Yo - Tienes más tonterías que un mueble bar.

Ella - Eres más complicada que armar un mueble de Ikea.


Agradezco tanto mi normalidad que no me importa saber que lo tirará todo, y lo regalará todo antes de volver a pasar una tarde más conmigo. Y yo correré hasta que tenga las piernas entumecidas, hasta llegar más lejos que mi pasado. Hasta atravesar esas estúpidas paredes. 

Pero ahora está tocando en mi salón y me ha jurado por lo más grande que no seremos Pete Townshend.

Todos contra el fuego. 

Siento que me ahogo por algo que no puedo especificar. Porque no entiendo nada. Porque asisto a un principio y a un final. 

El mío.

Dicen que tú y yo seremos gente normal.

Y no, no quiero terminarlo así, 
como hice tantas veces antes. 


Cuando estalle el temblor.




Pensamiento 6. 

Paseamos a L. por la ciudad en invierno. 

Ella no es muy normal, pero es lo más real del mundo.

Mi mundo. Mi realidad.

En mi habitación, hay un cielo abierto en cada esquina.

Un murmullo hambriento de palabras raras.

Cuando siento que se pierde. Busco alrededor. (y siempre la encuentro)

Cuántas noches esperé que regresara...

De donde nadie vuelve, yo te vi regresar.

Nada nos derribará cuando estalle el temblor.

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[p.d. No quiero herir susceptibilidades, pero llevo bastante tiempo debatiéndome entre si escribir esto o no porque no me apetece tener que justificarme. Lo escribo porque me lo debo, porque quiero cerrar círculos y porque este es el estilo de escritura en el que me siento más cómoda. He intentado hacerlo con el mayor respeto posible. Cada cual puede sacar las conclusiones que le dé la "real" gana, pero que no venga a acusarme de verosimilitudes y ficciones. O, si lo hace, que deje de leer algo que no sean libros de instrucciones. Pero si aún así alguien quiere venir a apedrearme, que lo haga. Lo recibiré con una buena taza de té, mate o café, según el gusto del consumidor y el límite de mis fuerzas.]

Sí, me apasionan las historias de amor. Esas donde siempre alguien muere. 

Y, ¿qué me importa quedar bien cuando ni siquiera lo estoy?
Qué porquería gustarte, algún día me vas a odiar.

¡Inventemos la pólvora! y...

Bum! Bum! Final!