miércoles, 8 de enero de 2014

30. Homenaje a los vencidos.

La realidad que veo no es la que era. Y no me refiero a nada filosófico. Me refiero a cómo me muevo en entornos en los que, lo que veo, es la pantomima que quieren que me (¿nos?) sea mostrada. Nada más. No me refiero a niveles de sociedad ni a nada. Me refiero a algo más palpable.

Nadie sabe lo que pasa pero todos lo intuyen.

Pienso esto mientras saco un brazo por la ventana para fumar. C. duerme en mi cuarto plácidamente. E. me habla de campos de batalla. M. está en la U.C.I. Nadie sabe nada, por supuesto, porque la realidad que ven de mí, (por supuesto) no es tampoco la que es. 

Si vamos a jugar a eso, juguemos.

Todos dicen que M. muere joven pero que lo ha vivido todo. Hablamos hace poco. Prometí escribirle y no lo hice.

M. nunca jugó a las apariencias.

El peso de la realidad me supera. Tal vez por ello sea lo más fácil rendirse y jugar.

C. duerme plácidamente en mi cama. E. hace saldo de los vencidos. Tú no estás, parece que quiere decirme. M me dijo: la ciudad, aquí está, para ti. 

Y tuvo razón.

Me gustaría envolverlos a los tres con celofán, aprisionarlos contra mi vientre y decirles que son algo auténtico para mí en medio de este juego.

Pero lo intuyen, así que me quedo callada, me enciendo otro cigarro y saco un brazo por la ventana.

Yo no estoy.

La vida suena en este lugar...





A veces me despierto sin querer,
puedo verte cuando no me ves
dormida a mi lado.

Y me apoyo en tu corazón
y te canto en una canción
lo que nunca te digo.

Si pudiera abrazarte tan fuerte
y consiguiera quedarme dentro para siempre,
moriría por ti,
moriría por ti como mueren los valientes.

A veces me quiero despertar,
necesito oírte respirar
para sentirme vivo.

Y hago surcos por el edredón
como un rompehielos que va
escribiendo en el Ártico.

Si pudiera explicarte todos mis silencios,
sólo son laberintos en los que te pierdo,
viviría por ti,
viviría por ti como viven los valientes.


(17.10.2013)

---

Pensamiento posterior. Eran 3. Y decían que eran unos piezas. Fueron cayendo uno tras otro. Pero a mí me enseñaron prácticamente todo lo que merece la pena. Cuando escribí esto, aún no había caído la última. El de en medio está para el arrastre.

¿ves lo que ocurre por vivir al límite? ¿quieres morir tú joven también?

Yo tengo pánico a la muerte. Pero sé que, si unos segundos antes de dejar el Mundo Real® les hubiesen preguntado, seguro que no se arrepentirían de nada.

Por tener huevos para vivirlo todo. Por no hacerle caso al miedo. Por exprimir la vida. 

Mientras van cayendo uno a uno, Corder sigue durmiendo plácidamente en mi cama. Y Espe me sigue hablando de campos de batalla. Otros han venido, para quedarse. Yo ya no juego a las apariencias. El peso de la realidad no me supera, y no me rindo, pero mi juego es otro. 

El de intentar vivir con mayúsculas, el de intentar no tener miedo.

Es el mejor homenaje a los vencidos y más aún a los que siguen, a pesar de la vida, a mi lado.