lunes, 3 de marzo de 2014

Negro es el color de su corazón.




Él decía que los capataces no duermen tranquilos. Que nunca tienen la conciencia limpia. Que prometerán enmendarlo al día siguiente, empezar de nuevo y esta vez no pasarse tanto. Mañana hablarían con otros capataces sí. Para empezar de cero.

Empezar de cero. Hablarían sí, mañana, o tal vez pasado. 

TODO PARA EL PUEBLO PERO SIN EL PUEBLO. 

Él decía que los capataces no duermen tranquilos. Y lo decía antes de mirar atrás por última vez, con ese gesto de no haber entendido nada, a pesar de todo, de cómo funciona el mundo.

Y ahora entiendo, no el mundo, pero sí el gesto y lo que aquella frase quería decir.

Arranca.

Que nos come la mierda de los capataces.