jueves, 14 de agosto de 2014

Antiguo Régimen. Proceso por el cual se alinean los planetas. Plan de permanencia.


La verdad es que no he dormido apenas y tengo algo parecido a eso que llaman resaca. Mis resacas no suelen ser de alcohol, sino de desestabilizar horarios y nivel de nicotina y cafeína y algo que digan en anuncios de tv, algo así como presión arterial, aunque podría ser cualquier otra cosa.

Estoy espesa, pero me he despertado con una reflexión. Lo que aquí escriba hará poca justicia a la magnitud de lo que siento. Estoy como una princesa Disney cantando el MainTheme de la BSO rodeada de pajaritos.

Tengo motivos de sobra para sentirme de otro modo, pero es como que no me apetece mirarlos, como si estuvieran en un punto ciego que mi vista no puede enfocar porque hace tope con el nervio óptico.

Pero me gusta ser consciente de las cosas, de lo que ocurre a mi alrededor, de lo que me ocurre, a niveles cuasi microscópicos, ser consciente de todos los matices. 

Y esto que voy a decir ahora puede parecer una obviedad pero no está mal recordarlo. Al menos me lo quiero recordar a mí. 

Tengo un robot de esos a los que le das cuerda y caminan a paso medio firme en línea recta. Si se topa con una pared o cualquier otro obstáculo, retrocede y sigue, otra vez, golpeándose contra un tope. Así hasta que se acaba la cuerda y vuelca.

Nos pasamos la vida así, empecinados en mirar un rumbo fijo, llamémosle personas, cosas, planes de vida o amorcitos. Chocando contra un tope, retrocediendo y volviendo a chocar. Soportando esa sensación de que no nos gusta la persona que somos, aguantando tiranías, sensaciones de vacío, llamadas de Jazztel y mentiras, secretos, deseos. Nos creemos que es así, que tiene que ser así, nos cerramos en banda y la vida ocurre de puertas para adentro, así hasta que se nos acaba la cuerda. Así hasta el miedo, los errores de redundancia cíclica, el sopor.

Un día peta. Peta y ya. Peta y el ahogo te hace ver soluciones en lugares en los que siempre has pensado que no serías capaz de acceder. En decisiones que no tomabas por miedo. Porque estabas acostumbrada a la sensación de miedo, de no tener valor, ni siquiera derecho.

Y tomas esos otros planes B, C, o D. Y derrocas el Antiguo Régimen. Casi sin darte cuenta, nace una fuerza explosiva, eufórica, que, ante situaciones que antes soportabas a base de estoicismo, te salta el "mira, que no tengo el chichi pa farolillos".

Es un momento mágico.

Porque ya está, un día te levantas y ya no lo aguantas más. Y a cambio, el engranaje se ha movido y te ofrece un sinfín de posibilidades que no podías ver porque estabas obcecada en continuar el camino cor-recto. Sueltas lastre, te liberas de pesados encadenamientos a gente que te trata mal, a contratos de permanencia, a amigos que te reclaman cosas que no está en tus manos dar, a enfados, a toneladas de mierda.

Ese momento, en el que todo huele a suavizante, a nuevo, como un pueblo los sábados por la mañana, ese preciso momento es absolutamente delicioso.

Todo lo que te aporta derrocar tu Antiguo Régimen merece la pena. 

Hay otra vías infinitamente más gratificantes. 

No tengas miedo a perderlo todo, siempre hay un plan mejor. 

No tienes por qué seguir así, no tienes por qué aguantar eso.

Un nuevo plan de permanencia.

Y esto es una obviedad, pero me gusta sentir que todo en mi vida se ha alineado con los Planetas.