domingo, 21 de diciembre de 2014

Pensamiento 4 // Las cotas máximas + El Bosón de Higgs (a la inversa) #IvánFerreiro

Hace cinco años, la noche más larga del año me encontraba en un tren varado en Villasequilla, atrapada en una inundación. Ese día pensé que mi existencia no podía ser más estúpida. Estuve muchas horas allí, y parecía que íbamos a pasar la noche, en medio de la nada, sin posibilidad siquiera de salir del tren a no ser que fuese con una canoa. Yo sólo tenía una botella de agua y muchos libros de Borges. Así que al menos puedo recordar cual fue el día de mi vida que más leí de Borges, ya que estuve unas trece horas casi sin descanso leyendo.

Horas antes, yo tenía que viajar en coche con unos familiares, pero estaba tan mal de salud que la única opción era quedarme en tierra, en el hospital. En un arrebato de raciocinio o todo lo contrario, decidí coger un tren e ir al hospital en mi ciudad, por si me dejaban allí mucho tiempo, para no estar sola. Claro, el viaje sólo eran unas pocas horas y yo me había recuperado un poco. Podía soportarlo. Debía soportarlo.

Porque ningún neurótico conspiranoico piensa que puede quedarse atrapado en Villasequilla por inundación. Se llama Villasequilla, por dios. Quien le puso el nombre debía ser muy macabro.

Al llegar, empeoré mucho y, en un momento dado, alguien muy fuerte me llevó en brazos hasta un taxi, y ese taxi me llevó al hospital a la orden de "Vaya más rápido, por favor." Fue la única vez que no tuve que esperar al entrar en urgencias. No salí de allí hasta que habían pasado varias estaciones, y cuando lo hice, yo no entendía nada del mundo. Me había acostumbrado a la vida en un hospital y ni siquiera echaba de menos que me diese un poco la luz del sol. Fuera, las reglas son otras. No hay esa condensación de sentimientos tan extrema, no comes cuatro veces al día, a las ocho, a las doce, a las cinco y a las ocho de nuevo. Me costó habituarme a eso y a otras tantas cosas. Al menos fue un alivio poder andar, al menos fue un alivio no presenciar muertes casi a diario (mi habitación del hospital debía estar gafada)

Cuando al fin me recuperé y pude volver a mi casa, era la noche más corta del año y tuve que coger un tren. Por inverosímil que parezca, ese tren se quedó atrapado en medio de un puente. Un tren chocó contra nosotros, pero fue un choque controlado, para movernos. Nos hicimos daño en el cuello y estuvimos varias horas ahí, esa vez no tenía a Borges. Ese día empecé a fumar.

El shock cultural de salir fue mayor porque a la primera persona que vi fue a un ex amigo. Todos dieron por sentado que yo desaparecí porque quise desaparecer. Nadie supo nunca la verdadera razón, lo que ocurrió en realidad. Entonces cargué con culpas de todo tipo que, aún hoy, sigo arrastrando. No me molesté en explicarme, porque al salir entendí a la perfección en qué consisten los humanos y las relaciones humanas. Fue una especie de mito de la caverna. Quise volver al hospital varias veces. Desde entonces, suelo tener pesadillas con que me meten en la cárcel. Hace poco entendí la asociación cárcel-hospital, como esos presos que cuando salen, no entienden nada. Como la peli de Cadena Perpetua. Ese tipo de cosas.

Meses antes, la noche más corta del año, yo estaba con una desconocida lanzándole globos de agua, ajena a mi futuro cercano. Esa desconocida dejó de serlo y, cinco años después estaba haciendo tostadas en mi casa.

Hoy es la noche más larga del año. Vuelvo a no tener muchos libros de Borges y en mi casa nadie hace tostadas ya. Vuelvo a estar atrapada, empapada de un sentimiento parecido a leche agria y con una única posesión: mi botella de agua. Estoy en medio de la nada. Entonces, entonces pienso que mi existencia siempre puede ser más estúpida, que la estupidez es una de esas cosas que nunca alcanza sus cotas máximas. Que, como el bosón de Higgs, es una partícula claramente elemental.



viernes, 19 de diciembre de 2014

Pensamiento 3 // [Inserte aquí por mí un título suficientemente atrayente] + #LosPiratas

Después de tirar dos veces el móvil en el bus y formar un espectáculo para conseguir que vuelva a mí, espectáculo que incluye, por supuesto, que el chófer tenga que parar porque nadie sabe cómo, el móvil ha salido propulsado hacia la carretera. Después de eso y después de caerme en el bus tras un cambio de marchas, de abrirme una coca cola y que me estalle en la cara, de desear quitarme toda la ropa y correr por la Facultad desnuda, gritando a la cara de cada estudiante de nuevo ingreso que pare esto, que alguien lo pare como sea por dios, después de todo, todo no era suficiente y veo mi ciudad desaparecer, cada vez más a lo lejos, y respiro de alivio y de miedo, y pienso si he cerrado el gas y después pienso en que yo no tengo gas. 

Y empiezo mi ayuno no voluntario mientras todos-los-demás hacen cenas de empresa, comidas familiares, meriendas amistosas e incluso brunch.


Y los miro y los odio, porque comen y yo no, yo no como. Como en los años 90, pienso que estar por afuera no es como estar por las calles y caminar aunque llueva, aunque caigan granizos del tamaño de un satélite perdido para salvarte de un diluvio del que no soy capaz. Creador vs. yo. Tormentas de la Naturaleza vs. yo, desvíos de llamada vs. yo. 


Lista negra.

Un año, un desván deshabitado, como hiciste en septiembre, cada vez. Cada vez. Todas y cada una de las veces. Tus vacaciones de lo nuestro como en los años 90, muchas versiones de algo. Telediarios. Son los problemas de siempre, reducidas a cenizas tú y yo vas-a-tener-que-escucharme-vas-a-tener-que-aceptarlo-vas-a-tener-que-pararme, vas-a-tener-que

No consigues contenerte.


Finales constantes, alternativos, estúpidos, incoherentes. Finales 
al fin y al cabo, uno detrás de otro puestos en fila, colas llenas de personas esperando en las paradas.

Son estos días los que me sacan de quicio, 


Y me eliges, 

y me persigues, 
y me espías 
sin sentido. Como no comer como
los años 90 como
mi móvil saliendo propulsado hacia la carretera, el chófer parando. El móvil orbitando antes de estrellarse. Todos mirando.

Así yo.






jueves, 18 de diciembre de 2014

Pensamiento 2 // Cosas que no pienso en absoluto. Te amé. Sentadillas. + #SonidoAlfredo "Te amé" "Mata al Bolas"




"Pedid y se os dará"

Bueno, pues no, o sea, a mí no.

Yo he pedido (creo) una cosa bastante concreta y comprensible. A cambio, Dios me ha mandado las 7 plagas porque Dios es todo amor.

Lo último que merezco es un café frío a las seis de la mañana, que es cuando estoy escribiendo esto pero sí, está pasando.

No he dormido, claro. Lo poco que he soñado ha sido una de esas pesadillas carentes de toda lógica: estaba en Málaga en un club de ¿funk? con alguien del que no puedo citar su nombre y arrancaban el coche y se iban sin mí. Creo que he mezclado datos.

Ayer devolví, mitad con odio, mitad con lástima, el guitalele sorpresa con el que íbamos a alcanzar cotas de comunión extrema componiendo canciones tan absurdas como mis pesadillas. Entonces y tras el desembolso, ahora tengo asegurada la manutención de dos meses. Antes no hacía falta pensar en alimento ya que crear y todo eso ya alimenta bastante y vale más saciar el espíritu porque un espíritu hambriento no se sacia fácilmente y no-se-qué-cita-célebre que dice algo parecido, entonces sí, ahora el odio se ha transformado en alivio alimenticio mientras que la lástima sigue indemne.

De 365 días, nos hemos peleado 347. No exagero, lo sé porque yo lo apunto todo porque estoy loca y me paso escribiendo cualquier cosa 13 de las 24 horas del día y, además me fascinan las cifras. Las estadísticas arrojan resultados claros (no me hagas sacar porcentajes, lo estoy dejando) y, a pesar de lo que digan antes de los partidos, de que si X contra Y nunca ha perdido, que la última vez fue en el 1964 pero que eso no tiene nada de especial porque las estadísticas están para romperlas y son sólo anécdotas que se acaban tras el pitido inicial y blabla pues, a pesar de lo que digan en fútbol, bueno, en la vida gobierna más Pascal y 347 es un número que al parecer hemos obviado demasiado por aquello del espíritu hambriento.

Entonces, ahora voy a proceder a escuchar este maravilloso vinilo en modo bucle, a poner una canción de esas de despecho y rabia, que diga cosas que no-pienso-en-absoluto-pero-quiero-creerme y a disfrutar de las vacaciones de lo nuestro agitando un pai pai, mientras espero a que oigas las canciones e interpretes oh! cuanto me odia! y crezcan tus ganas de no verme más y de pasar página y todo eso.

Escuchar un vinilo en modo bucle no es gracioso, de hecho, es un acto muy deleznable loable ya que tienes que levantarte cada vez que se acaba la cara A a girar el disco y a poner la cara B (el mío se inventó antes de que hubiera un sistema que hiciese esto solo) y luego al contrario, y así sin parar, y temes moverte por si llega el momento de cambiar y bueno es un poco tedioso escuchar en modo bucle un vinilo o sea forma parte del plan de anestesiar mi cabeza quiero decir, concretamente intento escuchar vinilos de 7 pulgadas porque me recuerdan a las 7 plagas ya que son más cortos ergo el acto de cambiar se hace más veces y constituye un sufrimiento constante cercano a la catarsis. Además dicen que las sentadillas van muy bien para algo que no recuerdo. Estar derramada en el sillón y levantarse, agacharse, girar vinilo y retroceder sobre tus pasos 554 veces es sano a su modo.

Tengo esa extraña sensación que se tiene afortunadamente pocas veces en la vida mezcla de pánico nuclear y despersonalización.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Pensamiento 1 // Ah! Vacaciones! + #SonidoAlfredo "El loco"






Anestesia mental.
Exotismo interracial.
Locura, otra.
Resonancias magnéticas. (otra)
No-puedo-parar-de-crear/comer/beber/hablar/bailar/farfullar para mis adentros/fingir normalidad.
Ah! Vacaciones!


* Nota mental: Este estado de placidez y melaresbalatodo irá decayendo conforme avancen los días.