jueves, 18 de diciembre de 2014

Pensamiento 2 // Cosas que no pienso en absoluto. Te amé. Sentadillas. + #SonidoAlfredo "Te amé" "Mata al Bolas"




"Pedid y se os dará"

Bueno, pues no, o sea, a mí no.

Yo he pedido (creo) una cosa bastante concreta y comprensible. A cambio, Dios me ha mandado las 7 plagas porque Dios es todo amor.

Lo último que merezco es un café frío a las seis de la mañana, que es cuando estoy escribiendo esto pero sí, está pasando.

No he dormido, claro. Lo poco que he soñado ha sido una de esas pesadillas carentes de toda lógica: estaba en Málaga en un club de ¿funk? con alguien del que no puedo citar su nombre y arrancaban el coche y se iban sin mí. Creo que he mezclado datos.

Ayer devolví, mitad con odio, mitad con lástima, el guitalele sorpresa con el que íbamos a alcanzar cotas de comunión extrema componiendo canciones tan absurdas como mis pesadillas. Entonces y tras el desembolso, ahora tengo asegurada la manutención de dos meses. Antes no hacía falta pensar en alimento ya que crear y todo eso ya alimenta bastante y vale más saciar el espíritu porque un espíritu hambriento no se sacia fácilmente y no-se-qué-cita-célebre que dice algo parecido, entonces sí, ahora el odio se ha transformado en alivio alimenticio mientras que la lástima sigue indemne.

De 365 días, nos hemos peleado 347. No exagero, lo sé porque yo lo apunto todo porque estoy loca y me paso escribiendo cualquier cosa 13 de las 24 horas del día y, además me fascinan las cifras. Las estadísticas arrojan resultados claros (no me hagas sacar porcentajes, lo estoy dejando) y, a pesar de lo que digan antes de los partidos, de que si X contra Y nunca ha perdido, que la última vez fue en el 1964 pero que eso no tiene nada de especial porque las estadísticas están para romperlas y son sólo anécdotas que se acaban tras el pitido inicial y blabla pues, a pesar de lo que digan en fútbol, bueno, en la vida gobierna más Pascal y 347 es un número que al parecer hemos obviado demasiado por aquello del espíritu hambriento.

Entonces, ahora voy a proceder a escuchar este maravilloso vinilo en modo bucle, a poner una canción de esas de despecho y rabia, que diga cosas que no-pienso-en-absoluto-pero-quiero-creerme y a disfrutar de las vacaciones de lo nuestro agitando un pai pai, mientras espero a que oigas las canciones e interpretes oh! cuanto me odia! y crezcan tus ganas de no verme más y de pasar página y todo eso.

Escuchar un vinilo en modo bucle no es gracioso, de hecho, es un acto muy deleznable loable ya que tienes que levantarte cada vez que se acaba la cara A a girar el disco y a poner la cara B (el mío se inventó antes de que hubiera un sistema que hiciese esto solo) y luego al contrario, y así sin parar, y temes moverte por si llega el momento de cambiar y bueno es un poco tedioso escuchar en modo bucle un vinilo o sea forma parte del plan de anestesiar mi cabeza quiero decir, concretamente intento escuchar vinilos de 7 pulgadas porque me recuerdan a las 7 plagas ya que son más cortos ergo el acto de cambiar se hace más veces y constituye un sufrimiento constante cercano a la catarsis. Además dicen que las sentadillas van muy bien para algo que no recuerdo. Estar derramada en el sillón y levantarse, agacharse, girar vinilo y retroceder sobre tus pasos 554 veces es sano a su modo.

Tengo esa extraña sensación que se tiene afortunadamente pocas veces en la vida mezcla de pánico nuclear y despersonalización.