martes, 6 de octubre de 2015

¡hostias, joder!

- Venga ya, hostias. Joder. 
- Y una mierda.

Me encanta. Me encanta decir tacos.

Cuando llegué allí, decir tacos era una cuestión de supervivencia. Y yo era muy polite. Entonces, sólo tenía dos opciones, o adaptarme al medio o que me corrieran a hostias.

- Bueno, entonces qué coño.
- Qué pasa, hostias.
-Déjame que acabo de tomarme la segunda dosis del día, ¿eh?
- Bua chaval, a ver quién pollas te aguanta. 

Mis tacos siempre quedaban como muy impostados, muy artificiales y teatralizados, pero no me importaba. Era eso o las hostias.

- Tio ¿me estás diciendo que no has recogido al negrata?

- A mí no me vacila ni dios.
- Me parece de puta madre.

Que yo llegué un día allí, pasó, pero es como un sueño. Cuando lo pienso es como...¿en serio eso pasó? Pero quedan resquicios, sobre todo lingüísticos, especialmente en los tacos. Cuando me paso muchos días sin hablar con nadie, aparece el acentazo, pero mientras sólo está en los tacos y quizá en los momentos más vitalistas de mi vida. Porque allí todo era vida. 

Hasta que él murió. 

- He dicho más o menos ¿sabes?
- Ya me sé tus más o menos. Blanco/negro todo/nada siempre/nunca rumba/bachata.

Ahora, me encanta decirlos, en los contextos menos apropiados. Me encanta hablar así y que me miren mal, especialmente delante de XXXXXXX y en la XXXXXXXX.

La verdad es que las cosas escritas en cursiva no son de "cuando-llegué-allí", sino de hoy. Nos encanta decir tacos, eso nos convierte en imbéciles y un poco gilipollas. Como Arturo Pérez Reverte. Ella es una puta pringada. Nos hablamos generalmente con mucho sentimiento e intensidad. Oh, dios mío, el mundo, qué cosa. Pero a veces ella está tarada, o yo estoy tarada o ambas estamos más taradas de la cuenta, y todo es, como dije días atrás*** absurdo. Y entonces empezamos a hablar como si fuésemos, yo que sé, Arturo Pérez Reverte escribiendo un artículo imbuido por el espíritu de Ylenia. 

Tiki tiki.

Estos días son duros, las personas entran y salen de mi vida como si fuese un Corte Inglés. Hay dramas, lágrimas, luchas, despedidas, finales. 

Camina o revienta.

Siento que voy a estallar. Entonces aparece ella y joder, dice todos esos tacos y ambas sabemos qué es lo que pasa, qué es lo que hay. Y yo vuelvo a ser una niñata rebelde que siente que puede con todo. Y ella, pues también. He ahí una amistad curtida a base de palos, a base de gilipollas. He ahí la fuerza. He ahí volverse a levantar cada día sabiendo que es para volver a caer y aún así, mirar al mundo de tú a tú y decir: 

- Bueno, entonces qué coño.
- Qué pasa, hostias.

y seguir adelante.



***Lo que dije fue: "Sois la fuerza cuando todo lo demás es absurdo, o sois lo absurdo cuando todo lo demás es más absurdo aún".

#BASTAHOSTIAS

domingo, 4 de octubre de 2015

La mirada de la gente que conspira (II) + Canciones de amor a quemarropa.

"A mis hijos siempre les digo: cuando os pillen diciendo una mentira o cuando hagáis algo malo, parad. No inventéis excusas. No sigáis hablando. No tratéis de justificaros. Reconoced vuestro error. Cuando reconoces tu error, las cosas siempre te salen mejor, por fuerza. Te sientes mejor, hasta te ves mejor y todo. Y lo más probable es que cojas al otro desprevenido."

BUTLER, N. (2014), Canciones de amor a quemarropa. Trad. Marta Alcaraz. Barcelona, Libros del Asteroide.

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Pensamiento/Premisa 1_Mantener hasta el infinito algo que no es cierto, convencerse de que lo es, convencer al resto, es una práctica común sobrevalorada.

Aunque sólo sea por el desgaste estúpido que supone, porque en realidad si os paráis a pensar caeréis en la cuenta de que os perjudica, queridos miembros del club del De Aquí No Me Bajo:

#PARAD.